En la segunda mitad de los años ’80 y a principios de los ’90 la crítica, los músicos y los aficionados se dieron cuenta de la originalidad de este pianista. Pero con el pasar de los años las apreciaciones se han hecho más y más insistentes. Copland ha continuado a grabar con sus compañeros de siempre, entre ellos John Abercrombie y Gary Peacock, y ha añadido paulatinamente un circulo de músicos creativos muy considerados, que reconocían su técnica única y su sentido de la harmonía. Con un catalogo de álbumes grabados con una media de tres/cuatro al año, ha llegado hacia finales de la primera década del nuevo milenio a ser reconocido como una de las figuras más grandes del piano jazz. No se trata solo de un músico, sino de un pintor, un poeta, un narrador de historias sin palabras, capaz de cambiar la atmosfera de una sala con una balada y provocar un estado de trance en los espectadores.
